TEXTÍCULOS

I

Aún con la deshidratación de la noche anterior cae la nueva noche con todo su peso. No he comido mayor cosa, el estómago está sensible, solo admite líquidos y le sigo vertiendo licor… no puedo encontrar el fondo del vacío. Me incorporo, me visto sin bañarme, me calzo sin medias, me cepillo los dientes sin haber comido, no soporto la soledad de mi cuarto y huyo sin destino. Salgo, me fumo un cigarrillo y recuerdo haber dejado la luz del baño prendida, vuelvo para apagarla y tocan a la puerta.

Hace un tiempo creí haber vivido lo suficiente, pero nunca lo es, escucho el  zumbido de la puerta, abro. Si el peligro toca a tu puerta, ábrele, vive, suéltate cómo si no existiera un mañana, ríndete al deseo, recorre caminos desconocidos y cuando se hagan conocidos explora nuevos.

W, particular sujeto, me dice que mantenga la mente abierta y la billetera lo más cerrada posible, nos subimos en un taxi, el conductor parecía estar ebrio o su inteli-gencia espacial era algo limítrofe. Las conversaciones en el vehículo son demasiado diversas: Programas generacionales de la televisión, música de la época de las fiestas de salón comunal con bolsas negras tapando la ventana, la primera vez cuando tuvimos sexo, si usamos alguna droga o qué opinamos de la paz.

El taxi hizo su parada; yo iba delante, el conductor me miró cómo quien deja a su hermano en la trinchera, me deseó suerte. La calle olía a gasolina revuelta con vómito. El lugar al cual entramos  era tan tórrido y turbio que no se destaponaba ni con una Coca Cola. El interior cálido pero falto de amor y ropa.

Alcohol, libido, música, baile, sudor, alcohol, ganas y más ganas en el ambiente; me ignoro a mí mismo, me aíslo para ver mejor, solo permanezco como observador, mirar y no tocar se llama respetar; miro, miro y miro borrachos, dormidos, ganosos, y mujeres fatigadas y cansadas de la noche.

Una de ellas me dice que no tenga miedo, me dice que bailemos; le confieso no querer, que me da algo de asquito y me sienta, me baila, pone su flácido y regordete trasero en mi cara, evado y estoicamente dirijo mi mirada para otro lado, me quita las gafas burlonamente y se las mete entre sus pantis viejos; me desespero, tomo mis gafas con violencia y me retiro del lugar. No es mi lugar.

Bocanadas, pensamientos, culpas, pensamientos, emo-ciones, bocanada, vuelvo al lugar; no tengo cómo devol-verme solo, me muevo con sigilo nuevamente a la sala en la que estábamos y, entre barras, ahí estaba ella, in-maculada, brillaba en medio de tan sucia promiscuidad y fluidos vaporizados; me le acerco con timidez, ella habla con dos sujetos, les sirve licor, se sienta en las piernas de uno de ellos, me mira, esquivo su mirada y sonríe, me desploma.

Le expreso a W mi inconformismo, me quiere hacer sentir mejor, me pregunta cual me gusta, le digo que la del tatuaje de libertad, pero está ocupada; W es recursivo y la saca de en medio de esos dos obreros diciendo que el jefe la necesita, ella sale, le pido el favor de quitarme a todas las demás mujeres de encima pues me fastidian, ella se ríe, me desplomo, bis.

No entendía la dinámica, acostumbrado a hablar con quien quisiera, acá debía pagar una ficha que incluía un baile, quisiera o no;  le dije que no le pagaría una ficha, que la invitaría almorzar, sonrió, me dio sus datos y volvió a su rol de bailarina; yo me fui detrás de las sombras, a la ausencia presente, al papel del observa-dor; la vi salir de nuevo, ya estaba más desinhibido, bailamos un par de canciones, no podía obviar su belleza y; sin querer sonar prejuicioso, sostuvimos una conversación inteligente una vez se encendieron las luces, ya no reinaba la escarcha y el neón. Quedamos en vernos y cumplirle mi promesa: el almuerzo.

Dos días después le marco como si fuera una adolescente en su primera cita, le marque para concretar la hora y lugar del encuentro; me cuestionaba lo peligroso de esos sitios, enamorarse de una de ellas sería muy fácil para alguien como yo, es una puerta a nuevas vivencias, lo que busca uno después del amor; ella contesta, acordamos volvernos a hablar un tiempo antes de la hora del encuentro, volvimos a hablar, una y otra y otra vez ¿la habré cansado con tanta contemplación e interés? La última vez que escuche su voz me dijo que estaba tan cerca como a 20 pasos, pero nunca la vi llegar. De pronto estaba escrito, los astros no lo quisieron así, ni siquiera Astrid la diosa de los astros pudo cambiar el destino, igual Astrid era solo eso una mujer, que en las noches usaba escarcha en sus pechos. Solo espero que en medio de esa oscuridad siga brillando y haciendo justicia a su nombre.

II

El alma pernocta en el movimiento, tan solo unos meses después del coito la materia denominada cigoto se mueve con energía y empoderamiento, hay vida. El hombre, varón a diferencia de la hembra, se mueve con menos misterio, trae otro historial en su genética, una más cercana al deseo y frenesí de una historia inconclusa, un intento fallido. Ejemplo de esto fue mi amigo Carlos Bautista. (Si cree que es usted, tranquilo, no me refiero a usted).

Carlos, a la edad de 4 años, tenía por maña golpear a sus amiguitos del jardín en la entrepierna, él no discri-minaba sexo, era incluyente, es más, probablemente así entendió la diversidad de género, a las patadas. Afortunadamente perdió la maña (se imaginan lo que sería su vida sexual de no haberlo superado); sin embargo,  a los 7 años desarrollo un deseo incontrolable de exhibir sus partes, no tan nobles, pero esta nueva actitud no se le trato a tiempo y escaló a una actitud aún más extravagante: Bajarle los pantalones a los hombres y mujeres, y enseguida bajarse los de él. Un exhibicionismo colectivo a la fuerza. Fue tratado por el psicólogo hasta sus 14 años por dicha condición.

Carlos enfrento una adolescencia complicada, sin mayor acompañamiento; eventualmente tenía la necesidad de mostrar su virilidad en las horas de descanso en el colegio, cuando estaba en situaciones de alto estrés académico le pegaba a sus compañeros en la entrepierna, el chico estaba fuera de control. La humani-dad es débil, entre más patán era su comportamiento más atractivo resultaba para el sexo opuesto.

No existe mayor engaño que la auto-regulación, en cualquier otro momento de presión estallaría, fluoxetina, leveropramazina, dolex, lo que fuera para calmar sus manías, usaba lo que tuviera a la mano que pudiera hacerlo sentir dueño de sí mismo. La masturbación violenta le producía un goce solitario que no pudo compartir con ninguna pareja, todas lo abandonaban creyendo que era asexual o por su radical comportamiento machista lo asociaban a un homo-sexual, típico homofóbico. No era así.

Carlos pese a todo logro llegar a sus treinta años concentrado en un éxito que tapara su excéntrico comportamiento, casa, carro, beca, colecciones de arte, líder de opinión, un personaje intachable con una esposa indolente y fría quien buscaba lo mismo que él, una empresa matrimonial rígida e impenetrable. Pero es en esos momentos cuando a la vida se le antojó recordarle a Carlos quién era.

Ann, fue el único Anntojo que tuvo Carlos desde cuando se re-inventó como ese misterioso personaje, que pareciera no sentir nada. La deseó tanto, pero cuando llegó la ocasión no logró una erección, y así vivió su sexualidad toda su edad madura, frustrado. Aquel chiquillo exhibicionista no podía disfrutar del placer de una relación sexual, a sus 55 años, aún virgen. La última vez que se le paró en mucho tiempo fue al ver su estado bancario en su estudio, justo después de sufrir un infarto fulminante.

III

Bip bip bip. — Aló- ¿Hola cómo has estado? — Cáncer.

—He estado esperando  esta llamada toda la semana — Testículo.

—Lo siento he estado viajando para no recordarte, has estado extirpando mi espacio — Cáncer.

—Bueno pues te quiero invitar a un asado. Mi mejor amigo publica su libro ¿me acompañas? — Testículo.

—Sí, claro— Cáncer.

Estamos acá reunidos observando la gran obra hecha por las manos del hombre que se yergue sobre la mediocridad. Pero aun así sin pretensiones más allá de las mismas alcanzadas por la proeza de sublimar la bajeza humana de esas pequeñas clases a la nuestra, bajeza humana entendida como  lo  ulterior de la especie en ciertos fondos fangosos, pequeñas clases expuestas en el mostrador a grandes clases. Pues quienes tienen un Martini en la mano se supone que me entienden — jajajaja— con ustedes, el escritor, quien como cualquier otro que pueda llamarse escritor, escribe, un aplauso para, Fonchito —Editor.

APLAUSOS

Era inevitable, en medio de tanta algarabía, él estaba ahí, flaco, ojeroso, con una camiseta color magenta, con una frase estampada (No soy Hombre por mis pelotas, eso me hace un Pelotudo) y un jean casi roto, unos converse con motivos exclusivos y un cigarro en la mano. A su lado, estaba su esposa, impávida, expectante y reteniendo el llanto; sólo fue que el primer amarillista se le acercase, creo que alcancé a leer perfectamente sus labios — ¿cómo siguen? en lo que les pueda ayudar ahí estaré— Para que rompiera en llanto.

Los estornudos, la piquiña en la cabeza, el bostezo, son cosas contagiosas; no se demoró el ojo aguado en el ambiente, no se trata de ser agudo, ni frio, pero el motivo del asado era celebrar mi opera prima como escritor (este libro que lees) pero estaba él allí capturando toda la atención del lugar con una alta tensión; cada segundo que pasaba perdía más adeptos mi historia a causa de la suya, mi historia con tintes parisinos y absurdos retrataba la situación actual de … —Ese es un hijo de su mami, yo  pagué el asado y en mi cara me quita la atención de mis invitados. ¿Quién lo invito? — le decía a mi editor sin alimentar el show, cerrando el libro,  frustrando la lectura a causa de la epidemia de tristeza que había en el ambiente.

¿Por qué lloran, son acaso todos vegetarianos? Esto es un asado— caminé junto al editor, al tumulto, el hombre estaba desmayado, un circulo alrededor de él —déjenlo respirar, un poco de alcohol— grita un extraño. Se despierta, lo entran a mi estudio, indignado le cuestiono su proceder y él me cuenta el drama que tenia a todos cautivados, una vez se sintió mejor, pidió un taxi y se fue.

A los pocos minutos me deshice de todos los invitados, firmando los libros con la mano tembleque, entré a mi estudio y comprendí los elementos necesarios para que las historias cautiven a los públicos, la porno miseria, las crisis políticas, los adolescentes drogadictos y promiscuos, los primeros amores y las fantasías eróticas. Las historias realmente vibrantes, son las historias de las personas que se conduelen de otras personas y todos unidos se reúnen en torno a sentirse acompañados en el mundo, se agrupan quienes  tienen un mal a la derecha y quienes tienen otro mal a la izquierda, quienes tienen esto se denominan así y esto otro asá, usan camisetas con humor negro, y siempre tienen estacionamiento.

Tomando un vaso de ron y un piel roja, me siento frente al escritorio de siempre con mi destartalada computadora que quisiera lanzar contra la pared pero, recordando la falta de dinero para comprar otra, tomo un trago largo, escribo en el blog de notas “la sociedad enferma, no quiere cura, busca a otra sociedad enferma para así tener una acción social enferma, las mejores historias están en las neo- religiones llamadas grupos de apoyo”;  termino el trago, apago el cigarro, abro Internet y busco… grupos de apoyo para… horarios…costos o contribuciones…

MESES DESPUÉS

Tras ir a muchos, varios, especies, especialidades y numerosos grupos de apoyo, él estaba ahí, flaco y ojeroso como siempre, contando su prescripción médica: “cáncer de testículos”. Después vino mi momento, me adoraron, olvidaron por completo sus dolores tras escucharme, creo que de eso se trata, de darte cuenta que estas mejor que otros, que vale la pena seguir pues  hay otros peor que tú avanzando. Si se preguntan ¿Qué les dije para que se condolieran conmigo? Simple, soy escritor, de esos que escribe.

IV

Eyaculator.

Ducha eyaculator.

Colocación del calzón eyaculator. Multitud transmi-lenio eyaculator. Valla publicitaría desnudo eyaculator.

¿No entiendo por qué has venido a tratar la depresión si claramente tienes un problema neurohormonal con la eyaculación? —dice psicologa sexy.

—No tengo, ni sufro puntualmente de un desorden neurohormonal, sufro de varios,  he venido por la depresión post eyaculación —

¿Depresión post…?—Psicosexy.

—Sí, y eso altera mi vida diaria, eyacular no me molesta tanto cómo lo que viene después de…ese vacío, esa espesa niebla blanca que no me deja ver más allá de un estandarte erguido sin una luz que me dirija por este mar de placeres instantáneos, sino solo soledad y tristeza. Para mi gusano es a manzana como eyaculación es a depresión.

—Los martes a las 8pm en la biblioteca de la primavera cero tenemos una reunión con casos así de interesantes como el tuyo, al sentirnos acompañados los unos con los otros, no sé… y además los pasabocas son deliciosos, ¿Qué dices? —Psicosexy

¿Reunioncita con pasabocas? Eso me suena a pequeños burgueses, pero nos sentimos acompañados ¿Tú la diriges o asistes?

—Pensé, otro grupo más, vine buscando algo más íntimo y…— se acabó el tiempo ¡te espero el martes!- —Psicosexy.

Psicosexy —Huyyy no, ¿cómo vas a soñar que de tu nariz empiezas a sacar un hilo sin fin y al terminar el hilo desprendes de él un tampón con un pequeño letrero que dice abre la tienda,  al hacerlo la luz muestra a tu abuela en partes y la ofertas para el desayuno? Eso es bizarro.

Bueno la verdad es que debes entender que bizarro es un cómic o un antiguo guerrero vaquero de cuentos en demasía  valiente, si lo que buscabas era hacerme sentir extraño y atípico a tu confort social;  eso puede darte  un matiz de fascista y a mí me haga bizarre, el término correcto es bizarre, sólo que tienden a descongestionar el lenguaje dejando las mismas raíces de las palabras re-significándolas muy mal, pero tranquilo haces parte del 97% que ignora el termino correcto.

Psicosexy — ¿Cómo es eso que tiendes a provocar que las personas digan bizarro para corregirlas de la manera correcta de pronunciarlo o de decir la palabra en circunstancias adecuadas para cada uno de los contextos?

—Sí, le cuento a las personas cosas bizarre, para que me digan cuan bizarro eres; en respuesta les digo no, soy cobarde, bizarro es un ser valiente o un cómic; en realidad si querías decirme extraño es bizarre, o cualquier cantidad de libretos internos para que todos a mi alrededor tengan claro los significados.

“Lucía lucía lucida, pero siempre le cuesta andar cuesta abajo cada vez que va cuesta arriba en su vida, escribía en un cuaderno mientras veía a una niña con un carrito que arrastraba juguetes con una cuerdita en una pequeña montañita de pasto.

Pedro, le declaró su amor a Lucía de una manera mágica tras chocar el bus en el cual ella iba con el camioncito de papas que el manejaba solo los días jueves a las 5 de la tarde, escribía mientras iba en un transmilenio presenciando un accidente en la NQS estación AV Chile.”

Sabes, con tu diario hemos progresado, ya tomas tu cotidianidad y la vuelves persona; te felicito. Ahora intentaremos no hacer ficción de esto, solo retratar tu entorno, ¿Vale?-Psicosexy

Si, ya me siento viviendo más y no escribiendo tanto en mi mente historias en las cuales yo, como protagonista, me llevo a situaciones o entornos nocivos para mí o los más cercanos.

Psicosexy — ¿Cómo vas con el tema de tu papá?

Ya comprendí que la única culpable de mi estado soy yo misma, los maltratos de los que se supone era víctima eran productos de mi mitomanía y que si mi papá tomaba posturas tan rígidas era porque no sabía cómo ayudarme.

Psicosexy — El amor ¿cómo va? — Ya estoy en el proceso de dejar mi adicción— ¿Adicción? — Psicosexy— Si, comprendí que mi deseo de tener historias de amor de todo tipo y andar terminando mis relaciones para empezar nuevas historias de amor, más que una inestabilidad es un vicio al enamoramiento, a imaginar distintas maneras de conocer un ideal, y esperando dicho ideal no aprecio lo simple lo que la vida me da. Dime la verdad ¿Es un análisis tuyo o una historia en tu cabeza?- Psicosexy

No sé si es un análisis o una historia, pero sé que es mío.

Psicosexy — bueno, está interesante el avance que hemos tenido, mira los martes a las 8pm en la biblioteca de la primavera cero tenemos una reunión con casos así de interesantes como el tuyo, al sentirnos acompañados los unos con los otros, no sé… y además los pasabocas son deliciosos, ¿Qué dices? —Sí, puede que viendo las historias de otros, deje de inventarme las propias. No te armes historias. Te estaré esperando— Psicosexy

Toc toc…- Poñoñoñoy. Siga—Psicosexy

Tdu tdu tdu— Poñoñoñoy. Siéntate—Psicosexy

Pfuu-Poñoñoñoy ¿Onomatopeyitis aguda? —Psicosexy

—Sí, hoy tengo eso. — ¿O sea tiendes a expresar todos los sonidos producidos por tu entorno? —Psicosexy

—Yep

Sabes para ser nuestra terapia número 275 veo que ya estamos logrando comunicarnos, ¿No te parece? —Psicosexy

Martes 8 PM Biblioteca de la primavera.

Llegan todos los asistentes y encuentran un letrero que dice:

Todo lo que necesitan son amigos, vayan a la esquina rua de pam y en el Café Special, pidan lo que quieran, conozcanse, yo pago. Hoy no puedo asistir, tengo que atender una emergencia de un loco que no tiene ombligo.

Derechos de uso de la imagen @morisetta

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