CAPÍTULO I

-¿Dígame que no es tan bueno eso que escribe, esa es la verdad del caso no?- Gustav retadoramente. (Con un ron abuelo en la mano)

-Bueno, primero que todo llegar a algo a la edad que tengo, es llegar a algo, y no es que diga que tenga ya algo muy bueno, no soy pretencioso, ni engreído, solo sí, creo que llegar a este punto es un tema de aguante, si estuviera muerto ya me abrían publicado, sería de esos suicidas o estrellas fugaces que el mundo les hace venia por haberles dolido el mundo a tal punto que no pudieron soportar más su ser explayándolo en un papel, no soy un Caicedo y mucho menos un Rimbaud, pero aunque mi cronos esta entre sus descensos, no aspiro a ser poeta, así que intentaré pasar de los 31, pero tampoco me quiero quedar cuenteando la enfermedad de mi siglo y ya pase de los 25, mi cuerpo no da para tanto desgaste, admiro la tesón de un Bukowski, las voces en la cabeza de un Dostoievski, los ideales de un Troski y los chsistes de un Krusty, pero yo solo interpreto lo que veo, aún no juego con el lenguaje, aún no me considero un escritor.- Matías.

Gustav sonríe victorioso cree que ha llevado la conversación al punto deseado e interpela: -¿Interpretar? Eso de la mimesis y la representación de las cosas es poético, es aristotélico, es más actoral, su viaje es más la dramaturgia y no la narrativa, ¿no cree que esta de pronto haciendo el ejercicio de verdad incorrecto?- Matías toma un sorbo largo de ron, se echa encima una cobija y mirando fijamente por la ventana aclara: -El ejercicio de verdad, es distinto del ejercicio creativo y del ejercicio metabólico, Sr Xavier Dolan y Woody Allen, actúan, escriben y dirigen,  nos acostumbramos que los ejercicios de verdad son ensayos periodísticos, no posturas creativas o metabólicas usadas por los artistas, no creo en los escritores periodistas, es más, no creo en los escritores que han estudiado para ser…escritores. Y no me las tiro del artista, no soy de clase consecuente a una aristocracia, ni un pequeño burgués, soy de la clase trabajadora, no me pagan por sentarme a escribir, el día que lo hagan no sé si seré feliz o infeliz- Matías se queda pensando en lo que dice.

Gustav sirve las copas antes de que estén vacías, cree que el alma y el vaso de licor nunca deberían estar vacíos, pone sus posaderas en un barandal que simula un balcón cerrado tipo invernadero, que hace parte de una cabaña habitada por nostalgia, dolor, erotismo, sancudos, polillas, arañas, historias inconclusas y Matías.

-Los silencios deberían ser llenados por música, aunque si no nos dimos cuenta que la música paro tenemos uno de dos síntomas, somos buenos oradores o somos buenos alcohólicos, sea cual sea, este momento necesita banda sonora, Matías póngase una canción.-Gustav ansioso.

Matías se dirige hacia el equipo de sonido y le cuenta: – Ese día, ayer, en medio del olor nauseabundo del óleo, piel rojas y ron, mientras te creías lobo estepario, escuchabas esto mientras yo intentaba interpretar en mi mente un poema, las construcciones precarias, como esta, hacen que el limite vertical de las paredes sea más un imaginario que un límite real, No soy de aquí, ni soy de allá, Facundo Cabral eso pondré- Matías asegura su pensamiento colocando la canción.

Gustav intenta servir de nuevo sin que la copa de Matías se secara, pero Matías retiro la copa.

-Soy un Ferrari, doble tanque-aclara Gustav mientras se servía más ron.

-Venga Gustav. ¿Y usted cree que lo que pinta es bueno, alrededor de cuantos lienzos tiene manchados, terminados o en desarrollo?-Matías tensionado y temblereque toma la botella y se sirve.

-Pues viejito, no soy arribista pero ya en parís vendí dos trabajos y en Camerún una colección de cinco piezas, llevo haciendo esto toda la vida, y por vida me refiero los últimos 27 años, lo que usted lleva vivo, ¿no? -Gustav hinchando el pecho.

Matías con falsa humildad dice:-No se sienta ardido, sólo es una preguntica, ¿pero usted es un artista o un comunicador?  Lo digo es porque veo que se considera bueno porque lo han comprado, ósea ¿usted emite un mensaje en función de un público, que recibe su mensaje y a través de un feed back financiero entablan un vínculo? – sirve otras dos copas.

Gustav se queda viendo de reojo, tambaleante por el efecto de tanto alchol se asoma a la puerta, la abre dando la espalda a la conversación y bajando la cremallera de su jean orina el jardín frente a la cabaña, sacude su virilidad y vuelve a ingresar al barandal, la luz le pega en el rostro e incómodo se sienta en una silla al lado del escritorio donde Matías mueve los dedos al ritmo de las imágenes que su lóbulo occipital le escupen.

-El arte presume de ser subjetivo, un oficio personal, si me han comprado es posiblemente porque mis pinturas le dijeron algo a quien las compra, y sí, visto desde ahí, si es un acto comunicativo, pero ya que no lo hice con la intención de que significara eso para el comprador, sino que significara algo para mí, como todo acto egoísta, es arte en su origen. – Gustav elocuentemente responde.

Matías errático con un piel roja en la mano ayudando su sentido de orientación con su sentido del tacto en las paredes sube ocho escalones y al virar a la izquierda encuentra el mictorio, fuerza el pantalón hacia abajo y después del ejercicio de micción sin importarle la mancha pintada del pantalón en la zona de su entrepierna se reincorpora, avanza derecho a un comedor y toma una ciruela, al totear su sabor en la boca se siente con la potencia necesaria para volver a la conversación.

 -Mi abuelo decía que todo hombre necesita de un arte, una pasión y una profesión; si bien se confunden, es como confundir el alma, el cuerpo y el espíritu, creo que el arte es la expresión del espíritu, así lo creía Leonardo, Donatelo, Michelangelo y Rafael- Matías teoriza.

– ¿Las tortugas ninja?- Interrumpido burlonamente por Gustav.

– ¡No como cree!  Me refiero a los ilustrados, el arte es la expresión del espíritu, es un toque divino, las pasiones son pecaminosas, satisfacen el cuerpo y la profesión es un ejercicio del ego, del yo, del alma.- Matías lo decía con los ojos gigantes como si hubiera encontrado el significado de lo que su abuelo le dijo.

Gustav convencido de la idea dice:-.En mi mundo, mi pasión es la pintura, el olor del óleo, las formas, las texturas, es una expresión plástica y de procesos sensibles y corporales, mi arte es la actuación, hacer que la gente no se dé cuenta de los estados de alcoholemia en los que ando, y mi profesión creo que tiene que ver con mis raíces turcas o árabes, soy un hombre de negocios. Tu abuelo es un hombre sabio, eso que dijo lo pude aplicar a mi realidad, son pocos los hombres que piensan y dicen algo que se pueda aplicar en momentos de copas y en las realidades fuera de ellas- se sienta y ve la botella ya casi vacía.

Gustav acerca su copa en gesto de brindis. -Por tu abuelo Matías- dice solemnemente.

Matías hace gestos señalando la copa vacía y la botella a punto de acabar. Gustav abre los ojos con temor y asumiendo su realidad pide un peche, lo prende e intentando sostener la mirada.

-¿Cómo aplicas lo que dijo tu abuelo en tu vida?- Gustav escéptico de que Matías lo tenga claro.

Matías  responde: -Creo que mi abuelo lo escucho de alguien más, pero creo que mi profesión desde la academia es hacer que las personas sean más materialistas, compren más de lo que pueden, sean todas iguales, no piensen mucho, crean en la felicidad o el amor, mi pasión las mujeres- toma aire.

– Don Matías- Interrumpe Gustav.

-No copular con ellas, solo dejarlas confundidas tras conquistarlas y no llevarlas a la cama – Matías con la mirada extraviada.

 -Pero la pasión es algo carnal- interrumpe Gustav.

Matías manotea sus argumentos y dice: -Si eso, pero para mí es coleccionar las imágenes de las mejores mujeres para que en mis momentos de soledad pueda recrear historias que estimulan sustancias en mi cerebro, que a su vez estimulan mi corporalidad- Gustav riega un poco de su copa tras intentar llevarla tímidamente a la boca, estaba hasta el tope.

-Carreta, tu pasión es echar carreta- Gustav.

Matías se defiende: -No creo que ese es mi arte, y volviendo al principio, sabes que creo, creo que lo que aún no defino es el aparato por medio del cual  echar carreta, aparato entendido como medio, y si hablo de medio, también como en tú caso estoy haciendo comunicación, así mi objetivo no sea resignificar algo en alguien que me lea y me lucre, no sé… bien sea a través de una imagen como guionista, sea narración oral como cuentero o sea lingüísticamente como escritor- Gustav se queda pensando.

-Es ese el problema de tu generación, que la información les llega tan fácil, que creen que pueden ser buenos en todo-Gustav.

Gustav apaga la colilla en el escritorio de modo displicente, toma la botella vacía y su copa, actúa sobriedad, sale por la puerta. -No has escrito algo que mi abuelo no haya leído ni que mis hijos quieran leer- Gustav voltea y tira la puerta.

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