Tercer entrega animales domésticos: mi iguana y la misa de las seis.

Ha llegado el final de los tiempos.

Lo han dicho mi predicador, y muchos otros más, incluso años atrás.

Todo es tan cambiante, que hasta podría creer que el final está por empezar.

No les mentiré, soy de aquellos que quisiera ver el mundo arder.

Yo y mi iguana cocainómana en realidad quisiéramos ver el mundo arder, pero acá…

No para de llover.

Hay mucho zancudo por estos lados, por eso preferí una iguana a un perro o un gato.

Cuando cayó por error en mi jardín, pensé en sacarla, pero recordé lo que mi tía decía “uno no rechaza lo que del cielo cae”. 

Al principio creí que se había ido, al rato apareció y de nuevo desapareció, recuerdo que reflexioné que así es la naturaleza, impredecible, solo se puede dejarla ser.

La deje ser sobre mi cama.

La deje ser sobre mi cornflakes.

La deje ser sobre mi tarea.

La deje ser sobre el bajo del pick up.

La deje ser sobre la ropa de mi novia mientras hacíamos el amor.

Y un día la deje ser sobre una bolsita de polvito blanco del tío Pablo, y ahí se quedó.

Vergaja, sabe lo que le gusta, a mí en lo personal eso me asusta.

Vi a muchos amigos de mi tío volverse fantasmas por culpa de esos suspiros.

Mi iguana ha pasado de ser a estar.

Estoy con ella mientras me baño.

Estoy con ella mientras veo llover.

Estoy con ella mientras escribo poemas a los fantasmas de mi tío.

Estoy con ella mientras veo gente pasar angustiada porque se acerca el final.

Mi iguana me dijo que era domingo por la forma en que me saca la lengua.

La campana sonando lo confirma, son las seis y está por empezar la misa.

Los domingos salgo a comprarle los vicios detrás de la iglesia al terminar la eucaristía.

Ha llegado el final de los tiempos.

El predicador da ostias para los feligreses y felpas para otras especies .

El mundo va a arder, el día que acá pare de llover.

A veces creo que mi iguana es la encarnación de alguno de los fantasmas de mi tío.

El mundo va a arder, el día que acá pare de llover.

Tocaron a mi puerta para ajustar cuentas, no conmigo, pero pagué por lo perdido.

El mundo va a arder, el día que acá pare de llover.

Siento que será mi último suspiro, seré otro de los fantasmas de mi tío.

El mundo va a arder, el día que acá pare de llover.

Por fin mi iguana ha salido a tomar el sol, la veo, ha parado de llover.

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