La novena cita, y el poema de la servilleta.

Unos encuentran el amor a la primera, bendecidos y afortunados; otros a la tercera es la vencida, pero hay extraños seres en el mundo que deben pasar por los nueve círculos de Dante para alcanzar el amor. Yo estoy acá en un parque acuático alimentando pingüinos, ¿Sabían que los pingüinos tienen una sola pareja toda su vida? Algo les voy a contar, es algo personal y real, volando se ha marchado, ¿qué? ¿de quién hablo? Pensarán. No del pingüino, ellos no vuelan.

Las manos me sudan, y empieza a palpitar el corazón, de esa zona incómoda sale una gota de sudor que baja por mi nariz causando un cosquilleo y posteriormente una sonrisa nerviosa. Ahora estoy en un bar y dependiendo de lo que diga hoy el especialista del estado climático, tomaré o no una cerveza. Me levanto de la mesa y pongo una canción en la gramola, junto a ella esculco mi bolsillo, solo me queda una servilleta. Sobre ella leo:

Fijaciones y arras.

 Fijar espacios donde no tenemos tiempo,

reconocernos en los ojos ajenos de miedo, pero,

perplejos en palabras sin terminar…

 como la hoja confía en el viento,

 sólo,

hasta que llega al suelo.

Me ata, me ato, me aferro:

A la juventud de sus labios.

A la fuerza de sus muslos.

A la ambición de sus ideas.

A mi hipo falo en su venus atrapamoscas.

Me suelto, me sueltas, y de repente…

un control incubado en el miedo,

un frenesí parido por el deseo,

la perdida ocasional de memoria,

la culpa por sentir lo que se siente.

 Me siento en la barra de bar, muy bien acompañado. Mi problema principalmente radica en que estoy en esa situación incómoda en la que hemos hablado de todo y creo que me dijo su nombre, pero, ya no lo recuerdo. ¿Les ha pasado? Digo un par de palabras no muy autenticas para ocultar la lucha en mi cabeza por encontrar en el vacío su nombre, qué vergüenza, tome aire y le dije “volando se ha marchado”, “¿qué? ¿de quién me hablas?”, ella me responde con una excelente pregunta, me rio con insistencia, estoy en mi novena cita y siempre termino hablando de lo mismo: ella se fue volando.

Hoy escuche que el hombre perfecto no existe, ¿por qué habría de existir una mujer perfecta?, ella se ha parado de la silla de la barra, me dije a mi mismo si debería ir detrás de ella, pero antes de siquiera poder decidir algo al respecto, ella voltea y me dice “yo también tenía un canarito y lo perdí, volando se ha marchado”. Me reí y la seguí. En el taxi en el que nos subimos vire la servilleta y leo:

Permíteme

 Permíteme enajenar tu soledad,

que los ecos del día,

 se conviertan en susurros en la noche.

Que no tengas que esperar que llenen un florero,

 porque siempre…tendrá agua.

Permíteme llegar a ese lugar,

 al que sólo se llega con un mapa …

uno de sudor, húmedo, como el sentimiento que reta el cuerpo,

 a pensar en esas cosas para que lo mortales no fuimos hechos.

Permíteme una de esas noches en que,

se repiten nombres (si lo recuerdo),

 trasgrediendo el aliento

necesario para seguir dejando

todo concepto,

todo ser bien pensante,

y también mal pensante,

dejar todo deseo…

retratado en las miradas

ya fatigadas.

Sí, amanecimos juntos, ¿detalles? Sudamos mucho, 3 botellas de vino, sábanas azules tipo hospital, fotografías familiares en la mesa de noche, pelo castaño rizado, piernas anchas y gemidos como de unos 70 decibeles; la cama, era King, a borde de piso. Me alegra que el baño no fuera rosa. A la mañana siguiente me despertó el radio, ella se levantó de primero y me dijo “relájate, nuestras vidas no son diferentes, hacemos lo mismo que los demás”, me dijo que me quedara, que no tenía que salir volando. Se empezó a alistar y mientras tomaba un baño dijo en voz alta “la rutina no va a ser tan mala”, pensé que ser refería a la rutina de ejercicio horizontal, y concluí lo mismo que ella. Me levanté de la King desorientado.

La caballerosidad me asaltó y quise hacerle el desayuno, pero no supe dónde quedaba la cocina, también me cuestioné “¿y si es vegetariana?” Me reí con la mirada perdida de mis propias ocurrencias. En ese momento, ella salió de la ducha y creyó que yo veía un cuadro en el que ella aparecía muy feliz con un señor, creyó que ese era el motivo de mi risa. En principio supuse que se trataba de su padre. Ella se puso la toalla en la cabeza y cambió drásticamente su semblante, se me acercó con otra actitud, una señaladora, cogió mis cosas y me las dió pidiéndome que me marchara, que no permitiría que me riera de su canarito. Descripción de canarito: hombre de bigote poblado, barriga pronunciada, ojos gris penetrantes, pelo cenizo, que bien podría llevarle entre 25 o 30 años. La habitación se tornó fría como si canarito nos acompañara con su presencia, da igual, es literalmente su viejo amor, me excuse, ella aceptó las disculpas y el clima recuperó su calidez, le hable de mí para romper el hielo, para el batido, mientras partía el coco, para el cóctel, y de un minutero a otro, brindis tras brindis, le dije “se ha marchado volando, yo también tuve una canarita, pío, pío. pío”. Así que le propuse un acuerdo.

El acuerdo.

 Cuando dos seres fuertes,

entre placeres y sensatez se miden,

es necesario un acuerdo,

para el camino no entorpecer.

Es cuerdo hacer un acuerdo, le dije,

uno en el que el pensamiento,

se enrede con el placer, sin…

que ninguno pierda su naturaleza.

Así…cuando una de las partes sea caos,

la otra lo cuestione, pero, si los argumentos,

no son lo suficientemente sensibles,

la otra parte le recuerde …lo que es sentir.

Sólo el tiempo perdido reflorece en su latido,

uno de sangre espesa, con el peso en lo que falta,

y no en lo que sobra, porque sobran sabedores…

que piensen lo que se siente, pero faltan sensibilizadores…

que sientan lo que piensan.

Temer a lo desconocido

 …es tan duro como mi sexo,

te lo presento, es el que virilmente penetra…

tu mente y es luz que revela al paso,

 un tú, que ya se ha extraviado en viejos…

rudimentos y elucubraciones.

Entender: ¿nuestro lugar en el mundo?

Cuando tu egoísta placer se llena.

Cuando tiembla tu cuerpo al quererse y,

ve fugar tu alma tras paz.

Te veo encima en la cima, mientras tus labios…

mordisqueas y te rindes a la fuga.

Al terminar, abres los ojos,

 que, al encontrarse con los míos,

 sella el acuerdo con una sonrisa,

un cuerdo acuerdo de conversaciones

 en vela sin terminar, oídos ávidos por escuchar

esas palabras que nunca nos diremos,

esos fluidos sin cause, ni fruto,

un acuerdo en el que solos estemos…

desnudos en alma y vestidos de valor.

Ahora ambos encontramos nuestro nido. Quizá seamos pingüinos. Quizá seamos halcones. Eso el tiempo lo dirá. Hoy el clima será cálido, pediré un six pack y borraré la app de tinder de mi celular.

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